Callamos. Callamos y callamos. Diríamos tantas cosas si nuestra mente nos dejara, si supiéramos que nuestras palabras no harían daño a oídos del receptor, si nos dejáramos llevar por lo que de verdad pensamos y creemos. Diríamos tantas cosas… pero callamos.

El monstruo. Ese monstruo que está dentro de nuestra garganta, que quiere salir y explotar, soltar todas las palabras retenidas, contar la verdad, gritarle al mundo lo que se siente, demostrando que nosotros también sufrimos el dolor, la rabia, la impotencia, el amor, el llanto o la risa. Ese monstruo… Ése que puede decirlo todo y desaparecer. Ya no sentiríamos la impotencia que supone el callar.

Callárselo todo, llevarlo dentro, no poder explotar, hay algo que nos lo impide… porque sabes que si lo hicieras, el daño al oyente sería más fuerte que tu propio silencio.

 

Anuncios